sábado, 30 de septiembre de 2017

Tierra

En las conversaciones con la gente de aquí hablo, desde luego, mucho sobre las diferencias entre vivir en Holanda y en El Bierzo. Cuando explico que tenía que adoptarme a las costumbres diferentes, la reacción es a veces: ‘Sé exactamente lo que sientes; tampoco soy de aquí’ y esto en un castellano en lo cual no puedo detectar ningún acento extranjero. A mi pregunta, llena de asombro, de dónde es el otro, la respuesta puede ser: ‘Soy de la ciudad León.’ León está a unos 100 km de aquí, pero para mucha gente la vida y la mentalidad allí son muy distintas. Los habitantes de El Bierzo que provienen de las regiones más lejos, todavía ponen más énfasis sobre las diferencias entre El Bierzo y su tierra natal. A los andaluces, por ejemplo, El Bierzo parece una región fría en todos los sentidos, algo que a un guiri holandés no ocurre.

La vinculación con la región es en España muy fuerte. Aquí en El Bierzo tenemos al menos dos partidos regionales y la ciudad está llena de grafiti que demanda la independencia para El Bierzo o que León se separe de Castilla o que El Bierzo sea gallego. Recuerdo un viaje con tren desde Barcelona a Galicia, en los años ochenta, en un vagón lleno de viajeros de todas las regiones que cruzábamos. Todo el viaje conversaban sobre las diferentes costumbres, comidas, arquitectura, lenguas o dialectos de sus regiones. Todavía era un novato en España y me extrañó tanta diversidad y sobre todo el orgullo que mostraban sentir por sus regiones. Pues bien, de que muchos Vascos y Catalanes se identificaban más con sus tierras que con el país España ya me había dado cuenta. En Barcelona había participado en la manifestación de la Diada, sobre todo por curiosidad, lo que era una experiencia temerosa, pues por toda la ruta estaban colocadas filas de guardias civiles a los dos lados de la calle. Era en 1981, creo, en todo caso no muchos años después de la dictadura de Franco.

Y ahora en Catalunya otra vez hay esta situación tan explosiva, en la cual el nacionalismo catalán y el nacionalismo español chocan. Lo que no ayuda nada es que a las dos lados los políticos en el poder no saben ni quieren negociar. Por vía de las medias sociales me llegan mensajes que de veras me preocupan, por el fanatismo nacionalista que muestran. Aunque creo que el nacionalismo casi nunca trae algo bueno, y muchas veces cosas malas, en el caso de Cataluña no estoy en contra de un referéndum, si es garantizado y pactado, como había por ejemplo en Escocia o Quebec. Parece la única manera de salir de esta situación. Importante es que la decisión de separarse solamente se tome si una gran mayoría de la población está en favor. En Holanda había el año pasado un referéndum absurdo, iniciado por los populistas de la derecha, sobre un acuerdo comercial de la UE con Ucrania en el cual el censo era 30%. Al fin 32.2% de los electores votaba, de lo cual 61.1% en contra del acuerdo lo que significa que 0.611 x 32.2% = 19,67% (aquí vemos a un profesor de economía y estadística en acción) de los votantes decidió que Holanda tenía que frenar el acuerdo. Por suerte el referéndum era solamente consultivo.

No estoy convencido de que los separatistas catalanes ganaran un referéndum oficial. Si el estado español decide de colaborar en vez de prohibir y oprimir, los nacionalistas catalanes perderán apoyo y habrá menos votos de protesta a favor de la independencia. Por cierto, hay unas desventajas grandes de la independencia, creo yo, como estas tres:
- FC Barcelona jugaría en la liga catalana y el clímax de la temporada sería: Girona-Barcelona.
- Probablemente Catalunya tendría que salir, temporalmente al menos, de la Unión Europea, porque el último que los otros países quieren es alentar movimientos de separación.
- Y, lo peor de todo, para visitar El Bierzo, sin ninguna duda la mejor región de toda España, los catalanes tendrían que cruzar una frontera y yo para visitar a mis amigos catalanes en Barcelona también. ¡Ya hay demasiadas fronteras en este mundo!

la bandera de El Bierzo

viernes, 25 de agosto de 2017

La Font de Canaletes

En la lista de las ciudades donde me siento en casa Barcelona ocupaba por muchos años la secunda posición. Siento tener que informar a los catalanes que en los últimos años Barcelona bajó a la tercera posición, ahora que Ponferrada lucha con Amsterdam por ser el número uno.

De mi primer viaje a España Barcelona era el destino. ¡Qué ciudad! Era 1982. Por horas pude errar por los barrios antiguos del centro, el Barrio Chino y el Barrio Gótico. Pero también descubrí la atracción del barrio cuadrado, como yo y mis amigos de Amsterdam lo llamábamos. El barrio con los edificios modernistas, con terrazas al borde de las calles tan anchas y rectas dónde la gente estaba tranquilamente tomando sus desayunos y bebidas al lado del tráfico que pasaba zumbando. Nuestros amigos catalanes nos mostraron los sitios que entonces todavía eran pocos conocidos. El barrio de Gràcia, de lo cual recuerdo este restaurante tan popular llamado El Glop para comer butifarra. O el teatro decadente llamado La Bohemia con artistas ya un poco o bastante mayores, muchos de ellos travestitos (véase el documental Yo soy así). En la Sala de Ball La Paloma bailamos sobre la música de una gran orquesta y tuve un susto cuando llamaron por altavoz mi nombre. Era mi cumpliaños. Y esto en medio del verano; no lo sabía. El Cava no sabía menos rico por eso.

Una vez de vuelta en Amsterdam probaba mejorar mi capacidad lectora del castellano con novelas españoles que estaban situados en Barcelona. Leí Nada de Carmen Laforet con el diccionario a mi lado sobre el sofá y el mapa de Barcelona en el suelo para poder seguir la caminata de la protagonista Andrea por la ciudad. Me impresionaban los libros La Ciudad de los Prodigios de Eduardo Mendoza y Últimas tardes con Teresa de Juan Marsé.

Por muchos años visité frecuentamente la ciudad. Y volveré. Debe ser así. Nuestros amigos catalanes nos llevaron a la fuente en Las Ramblas, La Font de Canaletes, y nos explicaron que quién bebe el agua vuelve a Barcelona. Tomé tantos tragos como pude para asegurarme de muchas visitas a esta ciudad tan hermosa, intensa, vivaz y loca. Era justamente allí, dónde está la fuente, cerca de la Plaza Catalunya, dónde la semana pasada un joven muselman, lleno de odio contra todo lo que significa Barcelona, condujo una furgoneta sobre Las Ramblas. El resultado: trece muertos, muchos heridos, miedo, odio.

Desde luego había reacciones fuertes, sobre todo en los medios sociales. También en España hay los que quieren culpar a grandes grupos de la población por los crímenes de unos individuos. Desde luego había los de la derecha y españoles nacionalistas que querrían culpar a la alcaldesa Ada Colau, porque no había obstrucciones para proteger Las Ramblas. Había los de la izquierda y catalanes nacionalistas que querrían culpar al rey porque había estado de visita oficial en Arabia Saudí. Hasta un ataque terrorista como este se utiliza como un instrumento político, sobre todo ahora, cuando las mentes están tan divididas por las aspiraciones de independencia de Catalunya.

Pero la mayoría de las reacciones que vi me daban esperanza y me sentía orgulloso de mi tercera ciudad. ‘No tenim por’ (no tenemos miedo) escandió la gente en la calle después de un homenaje a las víctimas. Muchos habitantes enfatizaban que Barcelona era una ciudad polifacética, abierta y mundial donde no hay sitio para el odio ni la intolerancia. También los musulmanes de Barcelona se manifestaron en contra del ataque terrorista.

Te vuelvo a visitar pronto, Barcelona, ya hace demasiado tiempo, y apagaré mi sed en La Font de Canaletes.


lunes, 31 de julio de 2017

La Olla Express

He llegado, por fin. La cima de El Pajariel, el monte con vistas sobre Ponferrada y todo El Bierzo. Sudando me doy cuenta de que esto es el primer desafío deportivo desde hace semanas. Había demasiado calor. Este domingo tampoco hace frío. Hay una bruma sobre Ponferrada. Contaminación, también aquí, a pesar de la baja densidad de población y la falta de industrias. Pero El Bierzo está rodeado por montañas. La contaminación se cuelga. El bochorno también. La Olla, llaman a El Bierzo aquí (oficialmente La Hoya del Bierzo, véase el comentario de Carlos). Utilizan mucho la palabra microclima para explicar la alta producción de la agricultura. Desde hace poco hay también aceite de olivas berciana. Parece que cada año hace más calor. Tal vez no dure mucho que tendremos que llamar El Bierzo La Olla Express.

El calor empezó temprano este año. En junio los termómetros ya marcaban 40 grados. Había una corta ola de calor feroz. Era cuando estuvimos en Holanda, donde el tiempo era maravilloso. Cuando regresábamos, todos los amigos, vecinos y miembros de familia se quejaban: ‘¡Uyy, era terrible, este calor, qué suerte tuvisteis de estar allí en el norte!’ Después, el tiempo se normalizó, pero ahora, en julio hace otra vez calor. A veces, mucho calor.

Vivo demasiado poco tiempo aquí (aunque ya 8 años) para concluir por propia experiencia que el clima en El Bierzo ha cambiado. Por cierto, los últimos dos veranos eran muy calientes. La mayoría de los bercianos parecen estar convencidos del cambio climático. Antes en los inviernos había más frío y nieve, dicen, y los veranos eran más fresquitos. Había más lluvia. Ponferrada solía estar envuelta en una niebla fría durante largas semanas del invierno.
Alli lejos veo las chimeneas de la central térmica de Cubillos del Sil, esta vez sin la pluma del humo. Es una fuente de emisiones de CO2, desde luego. La compañia Endesa quiere cerrar la central en 2020. No por consideraciones medioambientales, por cierto, sino por intereses económicos. Hay muchas protestas contra la decisión. El empleo en El Bierzo ya sufrió tanto por la crisis y la disminución de la producción del carbón. La central quema sobre todo carbón importado por ser más barato. También esto provoca protestas. Deberían quemar carbón local, es la opinión de todos los partidos regionales, los departamentos locales de los partidos nacionales, los periódicos regionales y los sindicatos. Si admitieran que la minería de carbón está llegando a su fin, perderían mucho apoyo popular en El Bierzo.
La verdad es que en España se utiliza relativamente mucha energía renovable, sobre todo si lo comparas con Holanda. Por ejemplo, hay aquí muchas centrales hidroeléctricas, lo que en la Holanda tan llana es imposible. Aquí, desde El Pajariel, puedo justamente ver el embalse que está encima de Ponferrada. Sobre los montes más accesibles hay muchas turbinas de viento. Uno de mis amigos holandeses, que venía de visita el año pasado, me contó que no entendía porque no se generaba más energía solar en España: ‘En el autobús desde Madrid vi la meseta tan seca y vacía; ¿porque no llenan el terreno con paneles solares? Cuanto más se calienta el clima, más electricidad se genera. Es el mantra de muchas artes marciales: utiliza la fuerza del oponente para combatirle.’Le di la razón.
Hace poco vi en un artículo una lista del grado de la disminución de la emisión de CO2 si no hicieras algo, hicieras algo menos o de manera diferente. En la cabeza, con distancia amplia, estaba: tener un hijo menos. Con alivio leí la noticia. No hacía falta sentirme tan culpable de tantos viajes a Ámsterdam. Por cierto, ya estamos casados por casi un año y todavía no hay ninguno pequeño guiri en marcha, pues: ¡A reservar vuelos! Después me daba cuenta de la tristeza de todo: lo peor para el medioambiente que se puede hacer es poner en el mundo alguien con el mismo estilo de vida que tú mismo. 

Por la última vez miro alrededor, disfrutando de la vista. Después bajo uno de los senderos pendientes hacia el río Sil. El calor ya está incrementando.

viernes, 30 de junio de 2017

NO SI

Es la mañana de un miércoles lluvioso en Ponferrada. Bajo la escalera del edificio con la bolsa de compras en mi hombro y miro por si acaso hay correo en nuestro buzón. Está llenísimo. Otra vez todos los supermercados de la ciudad han repartido sus periódicos de publicidad a todas las viviendas. Quito todo el papel del buzón, cojo también los periódicos que están tirados sueltos sobre los buzones y salgo a la calle en dirección del contenedor de papel. ¡Qué despilfarro es todo eso!
Repartir publicidad sin pedir permiso debería estar prohibido. Al otro lado, esto significaría menos empleo. A veces los repartidores están en frente de la puerta del portal cuando regreso a casa. En estos casos normalmente abro para ellos sin ninguna queja. A menudo llaman a la puerta y gritan: '¡Publicidad!' por el intercomunicador. La distancia física hace más fácil ignorarles, pero casi siempre hay algún vecino complaciente que les abre.

Parece un trabajo sin mucho sentido, repartir periódicos que casi nadie lee. Hace poco leí un artículo interesante sobre bullshit jobs, puestos de trabajo ridículos. (AQUÍ en inglés) En el mundo occidental mucho trabajo de producción desapareció por la mecanización, automatización, robotizacióny ygloblalización y fue substituido por trabajos sin sentido. A veces se trata de puestos bien pagados: los asesores de organización, los mánagers de marketing ylos HHRR mánagers. Pero también en los estratos mal pagados del mercado laboral se puede ver este fenómeno. Por ejemplo, me llaman casi a diario los vendedores de las compañías telefónicas; casi siempre se trata de alguien con un fuerte acento latinoamericano que yo, siendo guiri, casi no entiendo. No les parece importar mucho. A pesar de mis protestas siguen hablando hasta que cuelgo el teléfono.

¿Cómo puede alguien saber si su trabajo es inútil? Imagínate que todos los compañeros con la misma profesión entran en huelga. Si esto a nadie le importara un bledo, tienes un puesto de trabajo ridículo. Yo mismo tengo bastante experiencia laboral en la educación y la verdad es que si hubiera querido hacer mi alumnado muy feliz, sería por anunciar una huelga general de los profesores. Pero a los padres lo importaría mucho, porque no sabrían qué hacer, y tengo la esperanza que en el largo plazo también mis alumnos sabían apreciar mis clases. Lo que quiero decir: un profesor no tiene un puesto ridículo. El mismo se puede decir de los limpiadores, basureros, cuidadores, enfermeros, doctores, bomberos y tantos otros profesionales. Para los asesores de organización tengo un consejo completamente gratis: ¡qué no entréis en huelga! Tampoco una huelga de los vendedores telefónicos causaría mucha alarma social, temo. Y hasta a las cadenas de supermercados no les importaría mucho si todos los repartidores entrara en huelga, porque lo que hacen con su propaganda es competir el uno con el otro. Si todos parasen de distribuir publicidad, sería solamente una reducción de gastos.

Aquí en El Bierzo he aprendido apreciar las pegatinas para el buzón con NO NO, NO SI o SI SI que se puede obtener en los ayuntamientos en Holanda. El primer SI o NO indica si quieres recibir publicidad y el secundo SI o NO indica si quieres recibir los periódicos gratis del barrio como aquí El Buscador. Los repartidores están obligados de respetar los deseos de la gente. Me gustaría importar el sistema en España aunque no hay tantos periódicos del barrio. Quizás tenemos que utilizar la secunda opción para algo completamente diferente que la propaganda comercial. Sería tan bonito si llamaran a la puerta y gritaran: '¡Poesía!' Por consideración con el medio ambiente respondería: 'No necesito el poema en papel; ¿Sería tan amable de recitarlo lentamente por el intercomunicador? Gracias.'




viernes, 19 de mayo de 2017

Amnesia

Cada vez me ocurre más. Acabamos de visitar uno de los bonitos pueblos de El Bierzo, donde admiramos la arquitectura tradicional con las casas hechas de adobe y piedras, los techos de pizarra y los balcones de madera. Tal vez anduvimos un poco por los alrededores y tomamos algo en el bar o picamos algo en el restaurante. Estamos saliendo del pueblo con coche y quiero expresar mi admiración por toda la experiencia, cuando noto que he olvidado el nombre del pueblo. Más o menos recuerdo como suena, y, hablando muy rápidamente, utilizando muchas consonantes fuertes y escondiendo las vocales, pruebo pronunciarlo como un español: ‘¡Karrebrderero es de veras precioso!’ Desgraciadamente, esto no suele convencer a mis compañeros de viaje. ‘¿¡Qué!?’ es la reacción normal, seguido por una carcajada en la cual asombro e ironía parecen luchar por prioridad. A veces, cuando mis compañeros ya me han oído decir tales barbaridades más veces, solamente reaccionan con una corrección impaciente: ‘¡¡Carrecedelo!!’

Lentamente empezaba a dudar el estado de mi memoria. ¿Sería esta amnesia el precio que pago por mi estilo de vida anterior? Por cierto, 50 años en Ámsterdam pueden dejar sus rastros físicos y mentales. ¿Debería dejar las copas de vino con la comida o las pintas de cervezas con mis amigos guiris en Ponferrada? ¿Sería de veras que me pondría viejo? Pero lentamente empezaba a ver la luz. Es que hay algo extraño en los nombres de los pueblos Bercianos. Te confunden. A veces, sospecho que se trata de una conspiración para hacer creer a un guiri de cierta edad que tiene problemas de memoria. Tal vez la industria farmacéutica está detrás de todo. Porque si de veras quieres que la gente recuerden los nombres de los pueblos, puedes utilizar nombres fáciles como en Holanda: ‘s Gravenhage, Geertruidenberg o Schiermonnikoog.

Un ejemplo. En los veranos a nosotros nos gusta nadar en la playa fluvial en el pueblo La Ribera de Folgoso. No estoy seguro de este nombre. Porque más arriba del Río Boeza, o abajo, no estoy seguro, se encuentra el pueblo Folgoso de La Ribera. ¿Es una broma o un intento consciente de mantener guiris a distancia de esta playa fluvial tan atractiva? Además, estoy convencido de que cada año se intercambian los nombres de los dos pueblos. Más arriba de este río está el pueblo Boeza, un nombre que a veces confundo con Bouzas, que es otro pueblo Berciano. El último pueblo del valle del Río Boeza, ya en la Cordillera Cantábrica, se llama Colinas de Campo de Santiago de Martín Moro Toledano, tampoco el nombre más fácil de recordar.
Pero hay más ejemplos. Cerca de Carracedo de Compludo se encuentra la cascada más alta de El Bierzo, mientras en Carracedo se puede visitar un monasterio impresionante. Carracedo (del monasterio) no está lejos del pueblo Carracedelo. No es difícil llegar a Carracedo; desde Ponferrada vas a Camponaraya, dónde en la bodega de Viñas del Bierzo se puede comprar el mejor vino espumoso de El Bierzo, y después a Cacabelos y allí a la izquierda. Otra atracción en El Bierzo es el lago cerca del pueblo Carucedo. Allí el agua es menos fría, pues más agradable, que el agua en la playa de La Ribera de Folgoso o Folgoso de La Ribera, depende del año, o de Colinas de Campo de Santiago de Martín Moro Toledano.

Desafío a cualquier guiri del mundo de estudiar el párrafo anterior por no más de diez minutos, ponerse en contacto conmigo por Skype y responder algunas preguntas sencillas como: cerca de qué pueblo está la cascada más alta de El Bierzo, en qué pueblo se puede visitar un monasterio impresionante, dónde hay un lago que es muy agradable para nadar, dónde se puede comprar el vino espumoso más rico de El Bierzo y qué es el maldito nombre del pueblo completamente arriba del río Boeza. Quien responde sin errores recibe como premio una caminata gratuita de Folgoso de La Ribera hacia La Ribera de Folgoso. O al revés.
Lago de Carucedo


viernes, 28 de abril de 2017

De viaje con mi tío

No era solamente mi tío. Tío Jaap (pronuncia como Yap) era un amigo y en cierto sentido mi ejemplo. Todavía tengo y utilizo la guía de aves que me dió cuando cumplí diez años, porque yo parecía haber mostrado algún interés en conocer los nombres de los pájaros en los parques de Ámsterdam. Así era tío Jaap; era el miembro de  la familia que nos estimuló a estudiar, leer y viajar. 

A mis padres no les gustaba viajar y menos al extranjero. Mi madre había estado una vez en Bélgica cuando todavía vivía en el barco de mi abuelo y mi padre había pasado un tiempo muy duro como trabajador forzado en Alemania durante la segunda guerra mundial. Desde entonces los bosques en el este de nuestro pequeño país ya estaban suficientemente lejos para mis padres. Era mi tío Jaap quien traía de sus viajes de vez en cuando un pedacito del extranjero a nuestra casa. Nunca olvidaré una cierta noche de San Nicolás, la fiesta de 5 de diciembre cuando es costumbre dar regalos anónimos unos a otros, muchas veces de burla o con un poema. Esta vez mi madre abrió un regalo para ella que contenía una extraña substancia blanca. Yo, cómo chico de 12 años dije: ‘Quizás está un regalito escondido dentro, mama.’ Mi madre empezó a hurgar la substancia hasta que mi tío se despertó de sus pensamientos y gritó: ‘¡Es queso francés!’ 

En el año 1976, cuando tuve 17 años, mi tío opinaba que mi hermano mayor y yo necesitábamos ver más del mundo. Nos llevó con su coche a Francia. Para nosotros era el primer viaje al extranjero. Un mundo se abrió. Tío Jaap nos enseñó como pedir en francés comida, bebidas y la cuenta, tradujo los menús con tantas platos desconocidas y nos explicó el orden en el cual teníamos que comer los quesos franceses de postre: desde suave de sabor hacia más fuerte terminando con el roquefort. Nos enseñó el placer que puede dar el viajar. El pueblo dónde nos quedábamos en el camping municipal se llamaba Salles Curan; me gustaría volver allí una vez; a ver si todavía existe aquella panadería con la tarta de ciruelas.
En Francia en 1976
Muchos años más tarde, en 2001, era yo quien llevaba a mi tío de viaje. Fuimos a China, Beijing. Tió Jaap ya era un poco mayor, casi 71, pero disfrutó del viaje y estaba completamente abierto para esta aventura en esta cultura tan ajena a la nuestra (en la cual nos ayudaba mucho mi amiga Marike, que ya vivía allí desde hacía muchos años). Desde luego visitamos la Gran Muralla y los templos y palacios. Nos reímos mucho cuando alquilamos  en la Ciudad Prohibida unos auriculares con un audio tour en inglés con la voz de Roger Moore. ¡James Bond explicando la cultura china!

En China en 2001
El último viaje que hicimos juntos que quiero recordar aquí fue a El Bierzo. Todavía no vivía aquí, pero lo estuve considerando y pasé todas mis vacaciones en Ponferrada. Sentí la necesidad de oír la opinión de tío Jaap; de tener su aprobación.  A mi mujer Ana ya la conocía: en los años ochenta cuando Ana y yo éramos solamente buenos amigos ya habíamos cenado en la casa de tío Jaap. Desde entonces de vez en cuando me daba el consejo: ‘Si una vez puedes empezar algo con aquella chica española, Roland, hazlo.’

Le llevamos a Las Medulas, desde luego, porque a él, como profesor de historia, le gustaría esta explotación minera de oro romana. Visitamos los puebles más emblemáticos de El Bierzo como Villafranca, Peñalba de Santiago y Molinaseca. En este último pueblo fuimos a nadar en el río aunque el agua era un poquitín demasiado fría para mí tío y las piedras en el río eran demasiadas duras e irregulares para sus viejos pies. Comimos en El Palacio de Canedo y era allí dónde mi tío dijo: ‘Este es el mejor entrecote de mi vida’. Cuando unos días después en la casa de mis suegros probó con mucho gusto el temido botillo berciano, todo era claro: mi tío aprobó al giro que tomará mi vida.
En El Bierzo en 2007

Mi tío murió el jueves 13 de abril en un hospital en Ámsterdam en presencia de mi hermano Willem, su mujer Els, mi mujer Ana y yo.
Su muerte deja un gran hueco en nuestras vidas; por suerte nos quedan los recuerdos tan bonitos.

sábado, 25 de marzo de 2017

Copas y mujeres

El jueves pasado tomé mi café de la mañana en mi bar favorito del barrio: café Gijón. Busqué sobre la barra un periódico, El Mundo esta vez, y me senté en una mesa. Me llevaron el café con leche sin que tuviera que pedirlo; soy un fiel cliente.

Mis ojos se dirigieron hacia el titular del editorial: ‘Dijsselbloem debe dejar la presidencia del Eurogrupo’ Intuí malas noticias para un guiri holandés, a quien se pide a veces explicaciones por el comportamiento de sus compatriotas. Justamente parecía que Holanda por fin recuperaba un poco su buen nombre por no votar masivamente al populismo de la extrema derecha. En Facebook circulaba una petición de firmas para agradecer a los holandeses. Los españoles ya casi habían olvidado la patada de karate de Nigel de Jong en el mundial de 2010. Pero Jeroen Dijsselbloem, con su nombre impronunciable, lo estropeaba todo. Gracias Jeroen.

Seguí leyendo la opinión del editor de El Mundo, que se había enfadada tanto que letreaba mal el nombre de Dijsselbloem:
 
Casi no pude creer que Dijsselbloem había dicho eso. No estoy siempre de acuerdo con él; en mi opinión Europa debería haber estimulado la economía para combatir la crisis en vez de propagar recortes, pero no conozco a Dijsselbloem como un populista. Decir que los del sur gastan todo su dinero en copas me parece por dos razones erróneo: se bebe aquí menos alcohol (creo) y las copas son bastante más baratas. De las mujeres a quienes se puede gastar mucho dinero no sé mucho; soy un hombre felizmente casado.

Volví a casa para leer en el Internet lo que había dicho Dijsselbloem literalmente en el Frankfurter Allgemeine Zeitung. Era esto: ‘No puedo gastar todo mi dinero a copas y mujeres y después pedir a ayuda a usted. Este principio vale al nivel personal, local, nacional y europeo.’ (Ich kann nicht mein ganzes Geld für Schnaps und Frauen ausgeben und anschließend Sie um Ihre Unterstützung bitten. Dieses Prinzip gilt auf persönlicher, lokaler, nationaler und eben auch auf europäischer Ebene.)

Bastante diferente de lo que escribió El Mundo. Sus palabras me recordaban a lo que contestó el famoso futbolista inglés George Best cuando le preguntaban que había hecho con su fortuna: ‘Gasté mucho en copas, mujeres y coches rápidos, y lo demás malgasté.’ Efectivamente, George Best no es un hombre para prestarle tu dinero. Dijsselbloem si parece confiable con dinero. Seguramente no refería a sí mismo, cuando utilizaba la palabra ‘ich’ (yo). No me parece un juerguista. Utilizaba el yo para hablar de cualquier persona, aunque en el contexto se puede pensar que hablaba del sur, sobre todo cuando ya se odia a Dijsselbloem. Lo que El Mundo al menos pudiera haber puesto era una cita literal en vez de cambiar el contenido de sus palabras.

Por curiosidad miré lo que escribió El País, el gran competidor de El Mundo. En la sección Economía encontré una cita bastante adecuada:
 
Pero en otro artículo cambiaron de tono:
 Creo que nadie duda que se deba exigir que las ayudas europeas sean utilizadas de manera adecuada. Todos sabemos lo que pasó en Andalucía con los fondos de formación. Aquí en El Bierzo recibió el sector del carbón muchos fondos europeos, pero nadie sabe dónde este dinero ha ido. Seguramente hay en cada país ejemplos de proyectos absurdos financiado por la UE por falta de control y seguimiento. Se debe garantizar que el dinero público se invierte en infraestructura, educación, energía limpia y sanidad y que el dinero no desaparezca en cuentos bancarios en Suiza o en Panamá.

En estos tiempos difíciles necesitamos más que nunca una Europa unida para mantener el bienestar para todos y luchar contra el cambio climático, lo que en un solo pequeño país es casi imposible. No nos podemos permitir una fricción entre los del sur y los del norte.

Pues bien, suficiente política por ahora, es fin de semana: voy a invertir dinero en unas copas para mí y mi mujer.

martes, 14 de marzo de 2017

La anécdota ocultada

Lo hice temprano esta vez. Duraba bastante tiempo hasta que llegaron los documentos por correo electrónico, pero una vez que los recibí, ya hace dos semanas, fui inmediatamente a la papelería Ofimay para imprimir mi tarjeta electoral y después a la oficina de correos al otro lado de la Avenida de América para enviar mi voto para las elecciones de 15 de marzo.

Ya vivo casi hace ocho años en El Bierzo, pero todavía soy suficiente holandés para poder participar en las elecciones holandesas y sobre todo me siento suficiente europeo para no perder la oportunidad de votar en favor de una Europa unida y progresista, ahora que en tantos países reina el vandalismo electoral. Solamente España parece escapar de esta tendencia. Aquí no hay un partido derecha populista, anti-inmigración y antieuropeo. Muchos comentaristas piensen que es por los recuerdos tan vivos de la dictadura de Franco con todo su retórica nacionalista; yo mismo creo es porque tantos españoles leen mi blog; pues bien, la verdad será como siempre en algún lugar en el medio.

La última vez que visité Holanda era en septiembre del año pasado, cuando me alojé como siempre en la casa de mi viejo tío Jaap (pronuncia como Yap) en el barrio Osdorp en el oeste de Ámsterdam. Septiembre es el mes en lo cual el parlamento discuta los planes del gobierno para el año que viene. Me extrañó mucho oír en la tele tantos políticos y comentaristas hablar sobre todos los graves problemas sociales que tendría mi patria tan próspera, mientras por la ventana vi a muchos habitantes de aquel barrio multicultural disfrutándose del sol de otoño para pasear, ir con bici o hacer jogging al lado del canal. Los asistentes de la Ambulancia de los Animales salvaron a un cisne herido del agua. En el dormitorio la persona de ayuda a domicilio de origen marroquí estaba haciendo la cama de mi tío.

El domingo siguiente fui con bici al centro de Ámsterdam para ir a la fiesta del 50º cumpleaños de una vieja amiga, que era para mí la oportunidad ideal para ver muchos amigos y conocidos. Desde luego, brindamos muchas veces por la salud de la cumpleañera y después brindamos por otras cosas que ya no me recuerdo. En Ponferrada bebo menos alcohol que solía hacer en Ámsterdam; aquí solamente bebo más de tres cañas seguidas cuando salgo con mis amigos guiris. Entonces, ya no puedo resistir tanto alcohol, lo que noté después de la fiesta cuando me tambaleé hacia mi bici y me resultó difícil quitar el candado. Estaba bastante bebido. Ya era demasiado tarde para coger un tranvía y los taxis en Holanda son impagables, pues me fui con bici, concentrándome mucho para ir tan recto como posible. Mucha gente en Holanda pensaría que es una mala idea ir con bici en la noche y además bastante bebido por el barrio Ámsterdam Oeste, que es por excelencia el suburbio de los inmigrantes, pero nací en este barrio y todavía me siento a gusto allí, a pesar de todos los cambios que había. Ya cerca de la casa de mi tío sucedió. En una intersección venía un coche de la izquierda, paré, pero mi pie se aprisionó entre mi pedal y el cuadro de la bici, es absolutamente ridículo que hay tan poco sitio allí para moverte los pies, y caí sobre el suelo. El coche paró y el conductor venía hacia mí mientras preguntaba con un acento árabe: ‘¿Todo bien, señor?’ Mascullé que sí y empecé a montar mi bici otra vez. El chico me miró un momento preocupado y volvió a su coche mientras meneaba la cabeza.

Esta debería ser una anécdota de nada: un hombre borracho cae de su bici; alguien le pregunta si todo va bien. Pero en estos tiempos turbulentos necesitamos noticias positivas, creo yo, como contrapeso a todos los prejuicios que circulan. La verdad es que no hablé de mi caída con casi nadie. Esto era por vergüenza y también por un cierto orgullo de mi identidad nacional. Un verdadero holandés no cae de su bici aunque haya bebido demasiado. Quizás es que me he integrado demasiado en la sociedad española durante los últimos años. Es sabido que los españoles caen con frecuencia de sus bicis alquiladas cuando visitan Ámsterdam.

El día siguiente fuimos con la familia a comer algo en el barrio Osdorp, donde encontramos un pequeño restaurante turco con una terraza. Que el viejo hombre que nos sirvió no podía hablar ni una palabra en holandés no nos importaba mucho. La carta era en holandés y tenía fotos de todos los platos. Que allí no sirvieron alcohol me convenía en aquel momento bastante bien. Mi cuñada y yo pedimos una sopa de lentejas; mi hermano y mi tío una sopa de pollo. Era delicioso.


domingo, 19 de febrero de 2017

¡Salud!

Es un jueves por la mañana. Miro por la ventana y veo que hay llovizna. El invierno berciano pinta los picos de los Montes Aquilianos de blanco, pero las calles de Ponferrada de gris. Un temblor en el bolsillo de mi pantalón indica que recibo un mensaje. Es mi estudiante de la mañana. ‘No puedo venir. Gripe o un catarro.’ De pronto tengo la mañana entera libre. Esto significa hacer de compras ampliamente. Pero no es el tiempo adecuado para ir lejos. Pues, me quedo aquí en el barrio. Pongo mi abrigo, bajo la escalera y cruzo con la cabeza encogida entre los hombros bajo la lluvia la Avenida de América.

Primero a la farmacia. Allí siempre compro los medicamentos de toda la familia, que sobre todo por mi suegra suelen ser muchos. Si Julio, el propietario, tiene tiempo, me atiende personalmente. Nos conocimos durante una caminata en la montaña organizada por la escuela de idiomas y después nos encontramos algunas veces en una cata de unas de las bodegas de la comarca. Pues, el procedimiento normal de entregar la tarjeta sanitaria y las recetas, la buscada de las pastillas en el almacén detrás del mostrador y el pago, se combina con una conversación sobre nuestros hobbies en común. ‘¿Vas a la montaña este fin de semana?’ ‘Creo que sigue lloviendo.’ ‘Quizás voy a la cata de la bodega Palacios.’ ‘Interesante. ¿Dónde y cuándo estará?’

Veo que hay una pila de folletos al lado de la caja. ‘Los antibióticos siempre con receta en la farmacia, leo.’ Este mensaje solamente refuerza mi suposición de que en España el comportamiento con las medicinas es más laxo que en Holanda. Para cada tos, constipado o dolor se toma pastillas, parece. Una vez tuve que ir a una farmacia nocturna y me daban sin ningún problema un medicamento de la cual la caja avisaba que solamente se podría obtenerla con receta. Un amigo mío en Holanda me pregunta a veces si puedo llevarle un tubo con crema para su lesión que en Holanda ningún doctor le quiere receptar, ni hablar de que una farmacia se la venda. Un estudiante mío me contó que su doctor le receptó antibióticos cuando tenía un catarro. ‘¿Antibióticos para una enfermedad viral?’, le pregunté con asombro. Me explicó que no había tomado las pastillas por los efectos secundarios y las había sustituido por pastillas homeopáticas que ayudaron de veras; unos días más tarde el catarro había desaparecido. No lo dije pero pensé: ‘catarros suelen desaparecer en unos días.’ Es una tendencia. En vez de consumir menos medicamentos la gente crítica a la industria farmacéutica consume medicamentos homeopáticos o visitan doctores alternativos. Y también en este sector se gana mucho dinero.

Mientras tanto me he despedido de Julio y estoy haciendo compras en el supermercado casi al lado de la farmacia. Desde los estantes letras grandes me gritan que tengo que preocuparme de mi salud: con Omega 3, con grasas insaturadas, con calcio añadido, sin azucares añadidos, no contiene lactosa, no gluten. Hasta en un paquete de azúcar leo que no contiene gluten. Yo también participo de esta tendencia de alimentación saludable: compro un paquete de avena y yogures naturales desnatados, lo que es según las páginas webs sanitarias el desayuno ideal para bajar el nivel de colesterol.

Mientras estoy andando con mi bolsa llena de compras en dirección de casa, noto que la llovizna se acabó. El tiempo se ha vuelto bastante agradable. Parece primavera. Me surge un deseo de hacer algo y ando un poco más rápido. Luego voy a ponerme mis zapatos deportivos para correr un poco en El Pajariel (la montaña al lado de Ponferrada). Eso es sano para cuerpo y mente. Al menos, es lo que dicen.

miércoles, 18 de enero de 2017

Impresiones de un guiri en Vietnam

Estamos en Ho Chi Minh Ciudad, antes conocido como Saigón. Primeras impresiones: calor tropical, ruido, tráfico caótico, contaminación, dinamismo. Para cruzar la calle se debe ir lentamente andando sin vacilar ni parar. La acera es apenas transitable. Dónde no están aparcados las motos hay gente vendiendo una variedad de cosas. Nos sentamos en una de las terrazitas con mesitas y sillitas de plástico para comer una sopa, como vemos haciendo a tantos vietnamitas. Deliciosa.

Todo el mundo se traslada con una moto, a veces con toda la familia sobre un vehículo, incluso el bebé que le dan el biberón mientras van de eslalon por el tráfico. Sin cesar indican con su claxon: aquí estoy. Reglas de tráfico no parecen existir. Tampoco en Sa Dec, la ciudad provincial en el Mekong Delta que es nuestro segundo destino. Nuestro taxista, que parecía tan confiable, decide en la primera rotonda inmediatamente girar hacia la izquierda contra la dirección del tráfico. Con bocinazos indica a los otros usuarios de la rotonda lo que va a hacer, y estos lo aceptan. Como guiri en Vietnam me pregunto cómo deciden quién es responsable en el caso de un accidente. Los argumentos usuales (tú me adelantaste a la derecha; yo tenía prioridad) no valen aquí nada. Y accidentes hay muchos; vi cuatro en dos semanas.

Estamos en un parque natural en el Mekong Delta lleno de monumentos de la guerra. Con canoas pasamos los escondites de los guerrilleros del Vietcong en el pantano. En la terraza del restaurante nos rodea un grupo de niños que están de excursión escolar. Quieren practicar su inglés con nosotros. Las mismas frases estandart que en España: How are you; I’m fine thank you; Where are you from? Noto que puedo contestar a esta última pregunta con: I’m from Spain. No ven la diferencia. Por fin puedo pasar por un español. No parecen saber la palabra Holland o The Netherlands. Ha Làn, explican nuestras guías, dos estudiantes con mucho talento. ¿Dónde ha ido el tiempo que holandeses podían aclarar su nacionalidad con la palabra Cruyff? Ahora nadie conoce a ningún jugador holandés. Conocen a Ronaldo, por cierto, y saben que juega en España. A una niña hago otra pregunta básica de cada método inglés: What are your hobbies? Selfies, contesta.

Desde la ciudad Hoy An visitamos los templos hindú en la selva de My Son, que los franceses descubrieron y excavaron en el siglo 19. También robaron todas las cabezas de las estatuas, explica nuestro guía local. Ahora están en El Louvre en Paris. En los años sesenta los americanos bombardearon el complejo de templos porque el Vietcong tenía aquí una base. Nuestro guía apunta a los cráteres de las bombas. Unos de los soldados del Vietcong era su padre, que por suerte pudo escapar a la selva. Hay también otros relatos. Unos días más tarde nuestro taxista cuenta como sus padres, unos campesinos en los montes cerca de la ciudad Hue, sufrieron bajo la opresión del Vietcong. A la mayoría de la gente no les gusta hablar de la guerra. The future is important, dicen. Not the past.

En la ciudad Hue encontramos un restaurante con sillas y mesas de plástico azul. Esto significa calidad, es mi hipótesis en base de una experiencia positiva en Ho Chi Minh Ciudad. Está lleno. Grupos de hombres, sobre todo, están sentados en las mesas con un cajón de cartón lleno de latas de cerveza en el suelo a su lado. Los bebidos hombres de la mesa al lado vienen uno por uno a nosotros para una charla en inglés o francés. Están celebrando que habían solucionado algún problema en su fábrica de ropa. Cuál es el problema exacto no llegamos a saber. Uno de ellos habla con el camarero para cambiar los platos que ya hemos pedido. Aquí se come cabra, dice con firmeza, mientras desplaza dos latas de cerveza en nuestra dirección. Unos momentos más tarde estamos comiendo goat hotpot. Los hombres, ahora de veras borrachos, se levantan, nos saludan en diversas lenguas y salen del restaurant.

Hanoi. Smog. Nos adaptamos y llevamos mascarillas como tantos vietnamitas hacen. Lo que es notable en las ciudades vietnamitas: no vemos nada que indica prostitución, criminalidad o drogas. Esto da un sentimiento de seguridad. Lo que si pasa es timar. Siempre tienes que regatear o pedir el precio con antelación. Otra cosa notable: la omnipresencia del budismo. No solamente en los preciosos templos; también muchas casas, tiendas y oficinas tienen un santuario y huelen a incienso. Nos sentamos en un balcón de un bar y miramos hacia la locura de la celebración de nuevo año abajo en la calle. Muchos guiris. Tan reconocibles. En comparación con los vietnamitas parecen a sacos de yute llenos de patatas con pies. Con excepción de mi mujer Ana y yo, desde luego. Joven guiris andan en grupos de bar a bar. ¿Cuánto tardarán las ciudades vietnamitas en parecerse a las ciudades mediterráneos? El proceso ya empezó. Por suerte pudimos ver muchas cosas auténticas. Pero a la vez contribuimos a turistización del país, por cierto.

Nuestros últimos días en Vietnam. La bahía de Ha Long. Un mar maravilloso con 2000 islas. Nos quedamos unos días en la isla más grande. Playa, andar un poco, comer, hacer nada. ¡Qué lujo!

Después de nuestro viaje nos quedamos una noche en Madrid. Dormimos desde la siesta hasta la mañana siguiente para quitarnos el desfase horario. Madrid es una tranquila ciudad de la provincia en comparación con Hanoi y Ho Chi Minh Ciudad. Miramos hacia atrás a una luna de miel fascinante y maravilloso. Vietnam tiene mucho futuro, es nuestra opinión. Vimos tanto dinamismo, tanto afán de trabajar y estudiar, tanto sentido comercial, tantos jóvenes con tanta curiosidad. En el autobús en la dirección del Bierzo nos asombra la autopista casi vacía, la meseta despoblada y que el chofer del autobús no utiliza su bocina ni una sola vez.



jueves, 15 de diciembre de 2016

Trabajar

Una vez cada semana doy clase de inglés a un chico que vive aquí en el barrio. Nunca le doy deberes; ya los tiene más que suficientes de la escuela. Hacemos los ejercicios durante la clase; incluso las de comprensión oral. En estos casos pongo mi móvil en la mesa y escuchamos un video de YouTube con un test inglés. Normalmente, una vez escuchar es suficiente para responder las preguntas. Tiene una mente rápida y flexible.

En las pruebas de comprensión oral ingleses hablan, desde luego, muchas veces sobre aspectos de la sociedad británica, que no es muy diferente de la española, pero de vez en cuando me veo obligado de dar una explicación. Esto pasó hace poco, cuando le daba un test del cual la primera pregunta tenía que ver con el mercado laboral. (Si alguien quiere probar su inglés, pincha AQUI) Oímos a una madre decir a su hijo que puede ir de vacaciones con sus amigos sin ningún problema, pero que sería mejor si busque trabajo para los fines de semanas para pagar sus gastos. Mi estudiante no tenía problemas con la respuesta, pero paré el video para indicar una diferencia social. En El Bierzo solamente una madre muy cínica aconsejaría a su hijo buscar trabajo. Es que apenas hay puestos de trabajo.

‘En Inglaterra u Holanda es bastante normal que escolares o estudiantes trabajan en los fines de semana o por las tardes,’ le expliqué. Porque creía ver que el asunto tenía su interés, aproveché la oportunidad para empezar una clase de conversación. ‘Se trata por ejemplo de repartir periódicos o llenar los estantes en un supermercado. ¿Tienes tu un trabajito?’ Movió la cabeza negando. ‘¿Tienes amigos con trabajitos?’ Otra vez un movimiento de la cabeza; claramente este tema no era el más adecuado para una conversación. Hice un último intento desesperado. ‘He tenido decenas de puestos de trabajo diferentes, quizás más que cien,’ dije. Me miró con incredulidad.

Pero es la verdad, al menos si cuento todos mis trabajos para las agencias de empleo temporal como Randstad y Manpower como puestos diferentes. Trabajé en los años antes, durante y después de mis estudios como dependiente de un supermercado, friegaplatos, pinchapapeles en los parques, empaquetador, descargador de camiones, trabajador de línea de montaje, secretaria ejecutiva, inspector de los impuestos para perros, asistente en un camping, limpiador de oficina (aunque era solamente un día), dactilógrafo, telefonista, recepcionista y en muchas empresas como asistente administrativo. Incluso cuando mi carrera laboral entró en aguas más tranquilas y empecé llamarme profesor o docente, seguía en los veranos trabajando como guía de vacaciones con bici y barco. Desde luego no todo el mundo en Holanda ha tenido tantos puestos diferentes, pero casi todos mis amigos y más tardo los hijos de mis amigos trabajaban termporalmente cuando estudiaban. En las business schools dónde trabajé en Holanda era un problema que los estudiantes casi no tenían tiempo para estudiar por tener tanto trabajo.

Aquí la situación es muy diferente. En España el desempleo es tan alto que muchos jóvenes se preparan para trabajar en el extranjero. Desde luego se habla mucho sobre soluciones de este problema grande. La bajada de los sueldos apenas atraía inversiones, pero si frenaba la demanda interna y tenía un alto costo social. Algunos economistas buscan la solución en más innovación y una reestructuración de la economía española. Otros piensen que es el estado que es demasiado ineficaz tanto en sus inversiones como en las recaudaciones de los impuestos. Es bastante difícil saber las causas de un desempleo tan intolerablemente alto. Muchas veces lo pregunto a mis estudiantes en las clases de inglés, porque es un tema de conversación interesante. Pero el chico de mi barrio es todavía demasiado joven para este tema; se preocupará de los problemas de empleo en un futuro demasiado cercano. Aquella tarde cambié el tema de conversación al fútbol y él tenía una firme opinión sobre el partido del día anterior de Real Madrid en La Liga de Campeones.

trabajando como guia

domingo, 27 de noviembre de 2016

La casa de San Nicolás

Uno de mis alumnos va a trabajar en Holanda el próximo año. Porque se trata de un puesto en una empresa internacional le doy clases de inglés. Las palabras básicas de holandés las aprende de un app, me dijo. Efectivamente. Cuando entra mi casa ya me saluda con JJudendajjj (buenos días en holandés, escrito fonéticamente). Después hablamos en inglés sobre temas holandeses: los pólderes, ir con bici, el transporte público, el sistema educativo, patinaje, los horarios de las comidas. Está listo para la aventura; cuando estaba unos días en Holanda, me mandó una foto de él comiendo un arenque salado, que ya se puede considerar como una prueba de integración.

Normalmente comparto completamente su entusiasmo por su nuevo entorno, pero a veces me veo obligado a frenarle un poco y hablar sobre las desventajas: el tiempo, tanta gente en un país tan pequeño, la falta de montaña, los altos precios en los bares y restaurantes,  y sobre todo este malestar con Europa y la sociedad multicultural que parece crecer tanto en Holanda. Cuando hablamos de este último asunto los dos estamos preguntándonos: ¿si la gente en un país tan rico y bien organizado ya está descontenta, donde en el mundo puede estar contenta? Pero todavía tengo que explicarle algo más. Es un aspecto de la sociedad holandesa que me da vergüenza, pero sé que tengo que mencionarlo, aunque sea difícil; al fin y al cabo tiene hijos pequeños. Es algo que divide la sociedad holandesa en dos campos opuestos. Es la discusión sobre Pedro Negro (Zwarte Piet en Holandés).

Pedro Negro es el nombre de todos los ayudantes de Sinterklaas, San Nicolás, que viene cada año a Holanda para celebrar sus cumpleaños el 6 de diciembre y dar regalos a todos los niños. Sinterklaas vive en España, por casualidad no lejos de Ponferrada en el hermoso pueblo Molinaseca, como descubrí recientemente por casualidad.
Pero la fiesta de Sinterklaas se ha vuelto controvertida. La figura Pedro Negro parece una caricatura de un africano, que además se comporta como un esclavo, lo que no cae bien entre la gente con procedencia africana o de Surinam (de Guyana holandesa). Y ahora Holanda está dividida en adversarios y partidarios de la introducción de un Pedro amarillo o rojo o con la cara con manchas de carbón para sustituir al Pedro Negro muy negro. La ‘discusión’ se desborda completamente, sobre todo en los medios sociales, con insultos y amenazas con la muerte si alguien se atreve pedir una adopción de la tradición.

A veces temo que por la discusión sobre Pedro Negro Holanda seguirá políticamente a los EE.UU. y el Reino Unido en las próximas elecciones, porque los populistas han adoptado Pedro Negro como un tema de gran importancia por ser un símbolo de la Holanda tradicional. Antes teníamos la patata que desempañó este papel, creo yo. Mi madre solía decir: al fin y al cabo somos comedores de patatas. Vale, la patata, este tubérculo que proviene de Sudamérica, es tal vez un símbolo de la identidad holandesa tan extraño como un blanco con maquillaje negro. Las costumbres alimentarias holandeses han cambiado mucho como la sociedad entera cambió mucho. En los últimos 50 años Holanda ha sido motorizada, automatizada, digitalizada, americanizada, comercializada, varias veces reestructurada, internacionalizada, privatizada. Por cierto, la introducción de los medios sociales o del móvil cambió más las tradiciones que una posible abolición o adopción de Pedro Negro, pero nunca provocó tantas protestas.

Espero que pueda explicar a mi estudiante los problemas alrededor del sirviente de Sinterklaas tan bien cómo lo hizo una vez un compañero mío del club de fútbol, ya hace años, cuando le pregunté si iba con sus hijos a la fiesta de Sinterklaas que el club organizaba para los peques. ‘A nosotros surinameses no nos gusta esta fiesta,’ era su respuesta. Nunca antes le había oír hablar de ‘nosotros surinameses.’ Después teníamos una larga conversación sobre los sentimientos que provocó Pedro Negro a la gente de color negro en Holanda y me convenció de que tendríamos que adaptar la figura Pedro Negro a la sociedad multicultural.

Quizás explicaré a mi estudiante la discusión sobre Pedro Negro con una comparación con el toreo. Hay algunos paralelismos (y diferencias, desde luego). En los dos casos se trata de una fricción entre la tradición y la ética. Ambos fenómenos son internacionalmente controvertidos y son utilizados para fortalecer una identidad nacional y ‘los otros’ no deben tocar. Desde luego no voy a imponer mi opinión; al fin y al cabo estará en mi papel de profesor y no de columnista. Empezaré con un prudente: ‘Do you think you’re going to miss bullfighting in Holland? ‘ (¿Piensas que echarás de menos ir a los toros en Holanda?)

jueves, 13 de octubre de 2016

Turbulencia en El Pajariel

Los últimos años parece que el verano se extiende hasta mitad de octubre. El fin de semana pasado había un tiempo maravilloso. El solito brillaba alegremente sin causar el calor insoportable que sufrimos este verano. Todo esto, desde luego, invitaba a hacer actividades afuera. Los sábados la mañana es tradicionalmente reservada para el mercado, una terraza y cocinar ampliamente. Por la tarde cogí mi bici y para hacer una ruta cerca de Ponferrada en la cual hice esta foto.

Estamos mirando desde El Pajariel, la cresta que se estira desde los Montes Aquilianos hasta Ponferrada, en la dirección suroeste. Abajo vemos justamente unas casas del pueblo Toral de Merayo. No había nada de viento; el silencio era absoluto. Olía a hierbas de la montaña y pinos.

La mañana de domingo gritaba por más actividades afuera. Esta vez fui a pie. Mi idea era correr en dirección de Toral de Merayo hasta llegar a un caminito hacia arriba, demasiado pendiente para correr, para ir a la cima de El Pajariel. En los domingos suele haber más gente en El Pajariel, sobre todo cuando hace sol. Por todos lados se veía paseantes, ciclistas, corredores, padres con niños; casi había un ambiente de un camping. Este sentimiento de verano desapareció cuando fui en dirección de Toral. Mi caminito hacia arriba estaba cerrado con una cinta en la cual colgaba un dibujo de un jabalí. También todos los otros caminos hacia arriba o hacia abajo estaban cerrados. En cada esquina del camino había un coche aparcado. Sonaban ladridos de perros, gritos humanos y tiros. Oí a un jabalí chillar por miedo o dolor. En este momento odié a la caza.

Normalmente no soy tan fanático en este asunto. Cuando veo en el menú de un restaurante jabalí o ciervo, a veces lo pido, porque es evidentemente carne de un animal que no había sido torturado toda su vida para crecer tan rápidamente como posible, como normalmente es el caso. Aquí en El Bierzo, tal vez en toda España rural, la caza parece ser parte de la vida. Hace unos años, cuando visité a un paciente en el hospital, un familiar de otro paciente pasó orgullosamente una foto que mostraba a él mismo y unos amigos en frente de al menos veinte jabalís muertos en el suelo. ‘¿Qué vais a hacer con tanta carne?’ pregunté, a lo que me miró desconfiado. ‘Otro ecologista de la ciudad,’ parecía pensar, mientras en realidad yo solamente tenía curiosidad sincera.

En España no se esconde tanto la muerta, por lo menos cuando se trata de la muerte de un animal. No solamente se hace a veces una fiesta de la muerte de un toro (aunque no aquí en El Bierzo), también la matanza de un cerdo es una tradición festiva. Un estudiante mío me contó que como niño de unos 6 años ya tenía que asistir a una matanza en la cual pintaban su cara con la sangre del cerdo recién matado. Todavía su voz sonaba un poco traumatizado.

Mientras estuve este domingo corriendo sobre el único camino que no estaba cerrado, continué fastidiado. ¿Será todo eso legal? ¿Se puede así cerrar toda una cresta tan cerca de una ciudad? ¿Y por qué lo hacen un domingo por la mañana, cuando todo el mundo quiere disfrutar de la naturaleza? ¿Por qué no un lunes lluvioso? ¡Qué contradicción, todos estos niños aprendiendo ir con MTB mientras por todos lados hay hombres feroces con fusiles! ¡Mírales, esperando hasta los perros llevan los jabalís hasta muy cerca! ¿Esto debe ser deporte?

Entonces decidí dar la vuelta. El día era demasiado agradable para más disgustos. Ya era la hora de un aperitivo en una terraza.

jueves, 6 de octubre de 2016

Peter Pan

Mucha gente de mi generación, hombres sobre todo, se niega a hacerse adulto. Aunque tenemos nuestro trabajo, responsabilidades, familia, esposa (si, yo también soy un hombre casado), casa y problemas de gente adulta, nunca queremos perder el adolescente o estudiante que todavía llevamos dentro de nosotros. Los ingleses utilizan el término laddism para este fenómeno. El escritor Nick Hornby describió de una manera estupenda en sus libros Fever Pitch (sobre fútbol) y High Fidelity (sobre música pop) como hombres adultos se pierden completamente en un jueguito bobo como es el fútbol, o en hacer listas con los 10 mejores solos de guitarra u otros instrumentos de la historia de pop.

En España utilizan el término Peter Pan para estos jóvenes mayores (un término holandés). Efectivamente, varias veces he oído calificar a mí y mis amigos como 'estos Peter Pans de Ámsterdam'. Nosotros no nos divertimos con listas de los mejores solos o momentos de fútbol. Cada sábado fuimos a jugar fútbol contra equipos con jugadores casi tan mayores como nosotros. También seguimos tocando en bandas de música, sabiendo que era solamente atractiva para nosotros y para ninguna audiencia en todo el mundo. Creo que tener como hobbies al fútbol, música pop y cervezas, definen el joven mayor, el lad y el Peter Pan. Por muchos años consideré el momento en que iba con bici con la bolsa de fútbol sobre mi manillar lentamente a casa después de otro partido perdido y una amplia tercera mitad (la charla y las cervezas después del partido) como un elemento inprencindible de mi existencia.

Desde luego eché de menos este ambiente cuando venía a vivir en Ponferrada. No es fácil construir un círculo de amistades, algo que me había costado casi 50 años en Holanda. ¿Por fin me haría adulto? ¿Aquí, en esta región montañosa con ríos, barrancas y cascadas, que parece tan apropiada para Peter Pan volando? Nada de eso, por suerte. Encontré a otros guiris, mis compañeros inmigrantes casi todos ingleses, por lo cual entré en un libro de Nick Hornby. Con ellos tomo cervezas de manera norte-europea, mientras charlamos sobre cosas importantes como fútbol. 'Dime los tres jugadores extranjeros que marcaban más goles contra Manchester United en Old Trafford en domingos lluviosos,' pueden de pronto preguntar cuando estamos en el bar Chelsea.

También volvió la música activa en mi vida. En nuestro barrio está el bar Little John, donde hay guitaras, una batería y micrófonos a disposición de quien quiera tocar. Un concepto fenomenal. Ya toqué unas veces rock duro con unos Peter Pans locales. Una vez, después de una sesión de laddism con los guiris, entré al bar y había alguien que sabía tocar la armónica de boca que insistió tocar Chiquitita de Abba conmigo. Por suerte no hay grabaciones de este fracasado intento nocturno.

Los días alrededor de nuestra boda mis vidas de joven mayor holandés, lad inglés y Peter Pan español se juntaron porque había invitados de los tres grupos. Con mis amigos de la banda 't Weiland (la pradera) y Flanders Fields tocábamos en Little John en la noche de la despedida del soltero. En la fiesta de la boda misma cantaban mis amigos y amigas una oda a nuestra vida que compartimos por tantos años. Lo cantaban dos veces; para el video abajo elegí la última vez, cuando la fiesta ya se estaba terminando y todos éramos más Peter Pan que nunca.
video

miércoles, 31 de agosto de 2016

Mucho papeleo en la papelería

Aquí en el barrio, en la Avenida de América, hay una papelería, llamada Ofimay, de la cual soy un cliente fiel. Porque en casa no tenemos impresora, envío durante el año escolar casi diariamente ejercicios inglés y alemán a la dirección electrónica de la tienda. Cuando llego allí, la propietaria Belén ya me está esperando con una sonrisa y las hojas preparadas. Desde luego también compro allí mis bolis, cuadernos, grapas y otras cosas que una papelería suele vender.

Además, voy regularmente a la papelería para copias de mi pasaporte, mi NIE, de mis diplomas y de tantos otros documentos oficiales. Pues, también dentro de la Unión Europea emigrar de un país al otro va acompañado de mucho papeleo. Una vez, cuando Belén estaba copiando otra vez mis formularios oficiales, probé hacer un juego de palabras con el comentario: ‘Mucha papelería en la papelería, ¿no?’. Cómo pasa a menuda con traducciones literales de humor, mi broma solamente sembró asombro. En holandés la palabra para papeleo y papelería es la misma: papierwinkel, que literalmente significa tienda de papel: papelería.

Mucho de mi papeleo tiene su origen en el hecho que los impuestos y la seguridad social están arreglados al nivel nacional. Alguien como yo, que vive en España pero de vez en cuando trabaja en Holanda, choca inevitablemente contra muros burocráticos. A veces, la burocracia también me da un trabajito, porque en El Bierzo viven mucho ex migrantes que no dominan suficientemente el holandés para entender las cartas formales de las instancias holandesas, por no hablar de tener una conversación por teléfono con un funcionario de Hacienda holandesa.

Normalmente el verano es una época tranquila para la impresora de la papelería pero no fue así este año. La razón: Ana y yo decidimos casarnos. Era un día pronto en la primavera cuando fuimos, armados con los formularios que según nosotros eran necesarios, al ayuntamiento para arreglar todo. Cuando unas semanas después llegó una carta oficial en la cual el ayuntamiento nos daba permiso de casarnos el 6 de agosto, abrí una botella de Ardayel, el estupendo vino espumoso berciano. Era una celebración prematura, os puedo asegurar.

Bastante tarde nos enteramos que teníamos que arreglar todo también en el registro civil y, desde luego, necesité unos papeles oficiales de Holanda. Después de varias llamadas al registro civil de Ámsterdam pedí los formularios que creía necesarios. Cuando unas semanas después fui al registro de Ponferrada con una pila de copias frescas de la impresora de la papelería, me hacían claro que necesitaba una Fe de vida, el cual por razones desconocidas solamente la embajada holandesa en Madrid me podría dar.

Llamé a la embajada y me dijeron que necesitaban mi inscripción oficial en el ayuntamiento de Ponferrada reciente (el mío era de 2010). Fui al ayuntamiento y me dijeron que producir este formulario duraba al menos una semana. Solamente unas semanas antes de la fecha de la boda teníamos todo el papeleo arreglado y fuimos con dos testigos al registro civil para solicitar nuestra boda. Mientras tanto, ya estábamos pensando en una ceremonia alternativa por si acaso todo sería demasiado tarde. Algo al lado del río Sil, quizás, o enfrente del castillo. Justamente unos días antes de la fecha llegó el mensaje que podíamos casarnos el 6 de agosto en el ayuntamiento de Ponferrada. Abrí otra botella de Ardayel.

Oficialmente existe en la Unión Europea libre circulación de bienes, servicios, personas y capital. Como emigrante aprendí que la libre circulación de personas todavía tiene sus barreras burocráticas. Además, hace falta que se arregla cuanto antes la libre circulación del amor y se demole barreras burocráticas para casarse. En el Tratado de Ponferrada, propongo.



lunes, 27 de junio de 2016

Balada para mi muerte en Ponferrada

Esta vez la opinión de un guiri es una canción de un guiri, aunque la música es de Astor Piazzolla, vale, más o menos en todo caso.

Oí el tango Balada para mi Muerte por la primera vez en los años ochenta en la fiesta de la reina en Ámsterdam en una interpretación por Tango Cuarto (AQUI). Me impresionó mucho.

Mi propia versión está basada en el hecho que las palabras 'Buenos Aires' y 'Ponferrada' tienen el mismo ritmo. Después me hacía gracia cambiar la palabra madrugada por supermercado y seguía desde allí inventando un texto cada vez que tocaca la música durante el año pasado.

Para escuchar y ver mi última versión: haz click en la foto abajo, algo que no recomendo a aficionados del tango puro o a fundamentalistas de tonos puros.
Se puede activar subtítulos ingleses.

https://www.youtube.com/watch?v=UncMydNGOhw




domingo, 29 de mayo de 2016

Seguir la oropéndola

En los parques de Ponferrada el canto de los verdecillos ya la anunció en marzo, lo que resultó prematuro. Abril era un mes húmedo y nubloso. Pero un día al principio de mayo el sol se asomó entre las nubes y nieblas. Después había unos días cálidos que despertaron a la naturaleza. Las flores tomaban posesión de los valles, mientras los picos de la montaña todavía estaban cubiertos de la nieve. Qué había llegado la primavera, lo sabía cuando oí durante una caminata al lado del río Sil el canto de la primera oropéndola, este pájaro amarillo que en Holanda nunca vi ni oí, pero que todos los holandeses conocemos por una canción popular:
Vamos hacia afuera todos,
y seguimos la oropéndola,
cuando oímos a este músico,
el verano está en el país.
Yudelyo suena su canto,
yudelyo suena su canto,
yudelyo y nada más.
La primavera cambia el aspecto de la ciudad. Ponferrada se pone más agradable. Mientras en el invierno a veces casi no se encuentra a nadie en el casco histórico, ahora la gente da por la tarde un paseo. En frente de los cafés se ponen más mesas y sillas en la calle, ahora que no son solamente los fumadores más enraizados que se sienten allí para tomar su bebida con pincho, sino también las familias, escolares y turistas. 

La mayoría de los turistas que pasan por Ponferrada son los peregrines. Después la infinita meseta de Castilla y León y la cruzada de los Montes de León, el verde valle de El Bierzo debe ser un alivio para ellos. La mayoría de ellos vienen de los países europeos y americanos, aunque se ve cada vez más asiáticos. Estos normalmente andan con paso elástico, lo que no se puede decir exactamente de todos los peregrinos de los países occidentales. A veces se ve los menos entrenados peregrinos dando traspiés por el casco histórico, molestados por dolor muscular y ampollas, en busca de un restaurante que sirva una cena afuera de los horarios acostumbrados en España.

Cuando les encuentro en la calle, muchos me miran como si me deberían conocer. Un guiri, eso debe ser un peregrino, ¿verdad? Por alguna razón no me gusta ser considerado como uno de ellos. Por cierto, soy un miembro responsable de la sociedad berciana, un inmigrante integrado. Mira, tengo una bolsa de compras en mi mano llena de pescado fresco y verduras. ¡Voy a cocinar, pues, vivo aquí. Alguna vez he considerado ponerme una camisa con corbata y una chaqueta para no ser confundido con un peregrino, pero abandoné la idea cuando me di cuenta que me pudieran confundir con unos de los mormones norteamericanos que deambulan vestidos en traje por la ciudad en busca de gente que pueden convertir.   

Quiero hacer claro que no tengo nada en contra de los peregrinos. De hecho, yo mismo he sido uno. El camino no siempre pasa por la naturaleza más interesante, pero si por las ciudades y pueblos más importantes. Y sobre todo es un camino social. Caminando se forma más y más parte de un pueblo andante, porque en cada alojamiento se encuentra conocidos de uno de los días anteriores. Cuando llegamos a Santiago, mi amigo Freek y yo, y decidimos quedarnos allí unos días, teníamos la extraña sensación de encontrar todo el tiempo a conocidos, con más frecuencia que en Ámsterdam.

La mayoría de los peregrinos no parece ser muy conscientes de los alrededores por dónde andan. Siempre parecen tener un poco de prisa, solamente teniendo ojo para las flechas amarillas que marcan la ruta del camino francés, y algunos son capaces de tomar un atajo siguiendo la fea carretera en vez de la ruta original. Desde hace unos años también han señalizado el Camino del Invierno, que es más bonito, pero que es ignorado por la gran mayoría de los peregrinos.

Y así pierden mucho. En El Bierzo la naturaleza es abundante; los pueblos serranos están a veces un poco destrozados y sin asfalto, pero justamente por eso son tan auténticos. Hay mucho para ver en El Bierzo, para quien se toma tiempo. Pero que no sigas las flechas amarillas. Sigue el canto de la oropéndola.



lunes, 11 de abril de 2016

Pájaros volando

Tomando un aperitivo con mi colega inglés y un abogado español, de una manera u otra en la conversación salió la expresión ‘Más vale un pájaro en la mano que ciento volando.’ Les expliqué que en Holanda decimos: ‘Mejor un pájaro en mano aire que diez en el aire (Liever één vogel in de hand dan tien in de lucht),’ después de lo cual mi colega inglés dijo que en su lengua es: ‘un pájaro en mano vale dos en la mata’ (A bird in the hand is worth two in the bush). ‘De esto tienes que escribir en tu blog,’ me avisó mi colega sonriendo. Entonces, esta vez una entrada de demanda.

Las diferencias en número de pájaros dan, desde luego, motivos de sobra para especulaciones sobre las diferencias entre los carácteres nacionales. Pero si hay algo que he aprendido como emigrante es que apenas existe algo como un carácter nacional. No hay el típico holandés o el típico español. La variedad entre los habitantes de un país es demasiado grande. Por suerte.

Pues bien, adelante con unas especulaciones sin sentido. Lo que los números de pájaros parecen indicar es que hay una diferencia en la manera con la cual se juzga los riesgos y las seguridades en los tres países; una diferencia en el sentido emprendedor, tal vez. Entonces, los ingleses parecen ser los más emprendedores; necesitan solamente dos oportunidades para considerar el sacrificio de una seguridad. Después vienen los holandeses con diez oportunidades para una seguridad y al final los españoles que necesitan al menos cien oportunidades para compensar una seguridad. Esto corresponde con la clasificación de The Global Entrepreneurship Index (el índice global del sentido emprendedor) que pone a Reino Unido en número 9 del mundo, Holanda en número 13 y España en número 32 (enlace). También en la vida cotidiana se puede ver que en España se busca más la seguridad social que el riesgo. No sé cuanta gente está preparandose para las oposiciones en busca de la seguridad de ser funcionario. Si preguntas en una clase del bachillerato español quién de los alumnos quiere ser funcionario, estoy seguro que más de la mitad levanta el brazo, mientras en Holanda serán unos pocos o quizás ninguno.

En mi opinión no hay de veras una diferencia de mentalidad entre por ejemplo España y Holanda en este asunto. Son las circunstancias que no son iguales. La crisis que continua en España hace de emprender una aventura delicada y un puesto de trabajo fijo muy interesante. Las leyes españolas tampoco ayudan mucho a que gente empiezan una pequeña empresa. Por ejemplo, las cotizaciones sociales son una suma fija, independiente de los ingresos.

En la lista de The Global Entrepreneurship Index llama la atención que los países escandinavos se situan muy altos en la lista. Eso me hace creer que hay una cierta correlación entre el desarrollo del estado de bienestar y el sentido emprendedor (aunque el número uno, los EEUU parece indicar lo contrario). Una red de seguridad social hace más fácil asumir un riesgo. En Holanda la seguridad social es más amplia que en España: hay una pensión de unos mil euros para cualquier habitante, una prestación de también unos mil euros para gente sin trabajo independiente de si has trabajado o no (aunque si te fuerzan a buscar trabajo) y además hay diferentes subsidios suplementarios, como para tu seguro sanitario, para tu alquiler y para cada hijo que tengas. Esto significa que un autónomo fracasado no va a tener absolutamente nada o solamente los 400 euros, que es la prestación para muchas familias en España.

Hablando de mi mismo, creo que no soy de veras una persona emprendedora. No me faltaban ideas, por cierto, como una empresa para vender platos calientes de chucrut con patatas machacadas en las estaciones de trenes en Holanda, una empresa para rutas con bicicleta guiadas por Holanda (ya existieron compañías semejantes y me apunté a trabajar para ellas como guía), y una federación de fútbol alternativa. Una vez en España estaba pensando en mi propia compañía llamado BAP, El Bierzo a Pie, para todas sus rutas en El Bierzo con un guía multilingüe. Pero siempre me asustó el embrollo de tal empresa. Pero lo que la seguridad social holandés siempre me ha dado es un cierto sentimiento de libertad. Por eso podía decir algunas veces no a una oferta de un puesto de trabajo fijo que no era a mi gusto. Me quedé con trabajos con contratos temporales, y en los veranos trabajé en el turismo como guía o empleado de un camping. Hasta no me dio miedo emigrar a España ya siendo un cincuentón, sabiendo que existía esta red de seguridad social holandesa por si acaso tuviera que regresar. El estado de bienestar da libertad. La libertad para dejar el pajarito en la mano escapar y seguir uno de los pájaros volando.

sábado, 19 de marzo de 2016

Sin vergüenza

Debe ser el destino de cualquier guiri o emigrante: a veces te piden explicaciones de las afirmaciones o actos de compatriotas que salen en la prensa internacional. Para nombrar algunos casos: las faltas cometidas por el equipo holandés en el final de la copa del mundo contra España; las declaraciones del populista holandés Wilders, las manifestaciones contra centros de acogida para refugiados en Holanda; los ministros holandeses que abogaban en Europa la austeridad. Desde luego no tengo nada que ver con futbolistas profesionales, manifestantes ultraderechas o políticos populistas o neoliberales. No me siento relacionado con esta gente que sí hablan mi lengua pero están tan lejos de mi manera de pensar. A pesar de esto tengo a veces el sentido de tener que responsabilizarme.

La semana pasada eran los comportamientos de los aficionados de PSV Eindhoven que primera salían en las noticias españolas y después conquistaban las noticias en muchos otros países del mundo. Las imágenes eran embarazosas. Desde una terraza de La Plaza Mayor en Madrid donde tomaban sus cervezas tiraban monedas a unas mendigas gitanas que las recolectaban de rodillas. Un holandés quemaba provocativamente un billete de no sé cuántos euros en frente de las mujeres desesperadas. No siempre actos individuales o de un grupo deben salir en las noticias internacionales. Siempre habrán locos, sobre todo en el mundo del fútbol. Pero el comportamiento de estos jóvenes parecía ser el símbolo de algo más grande y fundamental: el rechazo del extranjero pobre. Las imágenes mostraban la arrogancia de estos jóvenes que no parecían tener ninguna vergüenza por sus sentidos de superioridad tan fuera del lugar. Su actitud muestra que la mentalidad ha cambiado. Se nota la influencia de las declaraciones de los políticos populistas, los foros de internet y los programas de televisión de basura que ventilan sin restricciones la repugnancia contra otras culturas, religiones y razas, algo que había sido un tabú desde la segunda guerra mundial. La glorificación de la propia tribu se ha vuelto a poner de moda en estos tiempos inseguros.

El miércoles después del partido andaba por el barrio con mi bandolera llena de papeles y libros de texto. Tenía prisa porque estaba entre dos clases inglés. Vi como un hombre viejo me acercaba gesticulando que quería hablar conmigo. Ya había encontrado a este hombre una vez en la pescadería un sábado por la mañana cuando me había contado su vida como emigrante en Holanda o Alemania, no estoy seguro, porque aunque el hombre era muy amable, era muy difícil para mí entenderle. Ahora pasó lo mismo. Ya desde una distancia empezó a hablarme. Con mucho esfuerzo pude reconocer las palabras ‘aficionados’, ‘PSV Eindhoven’, ‘mendigas’, y ‘de vuelta a su propio país.’ Sin ninguna inclinación de defender el comportamiento de mis compatriotas le daba la razón con las palabras: ‘por supuesto, una desgracia, ‘unos sinvergüenzas. ’ Sin escucharme el hombre continuaba su torrente de palabras y lentamente me daba cuenta de que no estaba juzgando el comportamiento de los aficionados de PSV sino pensaba que tenían razón: las mendigas no deberían estar en este país; venían aquí sin probar encontrar trabajo. La verdad es que esta reacción era aun peor que alguien pidiéndome explicaciones. Apunté a mi bandolera, dije: ‘lo siento, es que tengo que trabajar,’ y continué mi ruta. Mientras oía como el hombre continuaba hablando detrás de mí decidí nunca más sentirme responsable del comportamiento o de las declaraciones de otra gente.




jueves, 25 de febrero de 2016

El modelo pólder

Mi última entrada de este blog tenía un fin bastante positivo acerca del futuro de España, ‘el país donde los resultados de las últimas elecciones dan una vista a un futuro un poquitín mejor’, como escribí entonces. Pues bien, entonces era casi noche vieja, un periodo de contemplación y esperanza en que se está lleno de buenos propósitos para el año que viene. Pero ahora, ya de vuelta más que un mes desde mi estancia en Holanda, mi optimismo ha bajado un poco.

Quizás era la gripe que traía de Holanda que me hacía pensar menos positivo. Casi dos semanas en cama con dolores musculares y fiebre no mejora el estado de ánimo, os puedo asegurar, sobre todo porque no me puedo recordar haber tenido algo parecido en mi vida. El tiempo tampoco ayudó mucho a tener una mirada positiva sobre el futuro, aunque debo decir que normalmente las circunstancias temporales no afectan mucho a mí ánimo. Pero había una lluvia continua, casi tres semanas seguidas. Los días eran oscuros y tristes. Tenía que pensar en tantos holandeses que me había dicho: ‘Ah, ¿vives en España? ¡Qué suerte tienes! ¡Siempre buen tiempo!’ Claramente no conocen el clima del Bierzo, donde nubes atlánticas entran en el valle berciano para quedarse allí hasta la última gota de lluvia está exprimida. Hasta el ayuntamiento de Ponferrada prefiere negar la abundancia de lluvia, parece, por pavimentar muchas calles de Ponferrada con adoquines que se ponen resbaladizos cuando se mojan. Adoquines mediterráneos en un clima atlántico: una mala idea.

Pero eran sobre todo las evoluciones políticas las que me hacían perder mi optimismo sobre el futuro de España. Mi esperanza estaba basada en la aparición de los nuevos partidos. Un alivio después de tantos años de hegemonía de los dos partidos tradicionales. ‘Ahora tienen que hacer coaliciones con los nuevos partidos,’ pensé, ‘y van a modernizar y limpiar las instituciones estatales.’ Pero parece que no habrá ninguna coalición. Porque no quieren. Porque no pueden. No lo hacen, en todo caso.

Que casi nadie quiere gobernar con el PP de Rajoy me lo puedo imaginar. Los casos de corrupción se acumulan cada vez más. Da vergüenza ajena cuando Rajoy va a Bruselas para pedir permiso de reducir el déficit público de España más lentamente. En sí mismo un buen propósito, pero quizás menos convincente cuando viene de un líder de un partido cuyos políticos saben cambiar millones de euros de dinero público en dinero privado, lo que no exactamente ayuda a reducir el déficit público. El PP tiene que salir del poder y limpiar sus filas cuanto antes.

Pero tampoco Ciudadanos y Podemos quieren gobernar juntos. No lo entiendo. Creo que los dos quieren más o menos cambiar España en un país escandinavo. Dinamarca parece ser el ejemplo. Me lo puedo imaginar. Casi todo el mundo quiere vivir en un país como Dinamarca, ¿verdad? Espero que entiendan que el estado de bienestar de Dinamarca no se construyó por decreto. Era un proceso lento de años y años con partidos políticos formando coaliciones para las cuales era necesario negociar, hacer concesiones y organizar reuniones con los sindicatos, los patronales, los movimientos sociales, vale, con todos los grupos de la sociedad.

Es lo que en Holanda llamamos el modelo pólder. Un pólder es un gran terreno que está abajo del nivel del mar. Tiene que ser protegido por un dique alrededor y en los viejos tiempos se utilizaba molinos del viento para echar el agua en el canal que está alrededor del dique. Si no se mantiene el dique y los molinos habrá inundaciones y todos vamos a hundirnos. Entonces, se tiene que colaborar, hablar, organizar reuniones para decidir quién hace qué tarea: el modelo pólder. Quizás es el modelo adecuado para España donde la corrupción política y el desempleo amenazan con inundar el país.


pólder

sábado, 26 de diciembre de 2015

Navidad 2015

También este año paso los meses diciembre y enero en Holanda. ‘Tengo una changua en el business school,’ digo a mis amigos para explicar mi retorno temporal en sus filas. Estoy aquí para ejercer mi vieja profesión de profesor de economía y estadística (lecturer economics and statistics digo para dar más impresión) para no perder la habilitad. Y, desde luego, voy a ver a mi familia y mis amigos holandeses, tomar cervezas en mi bar habitual Scharrebier, y jugar un partido de fútbol en el campo mi querido club afc TABA.

Estoy alojado en la casa de mi viejo tío en Osdorp, un barrio en las afueras de Ámsterdam. No celebramos de veras Navidad. Ni siquiera tenemos un árbol. En las calles hay por todos lados puestos donde se vende árboles de navidad de todos los tamaños posibles. Como niño siempre me daba mucha alegría: elegir un árbol, el más grande posible desde luego, y después ponerlo en casa y adornarlo. Los primeros días la casa olía al bosque de pinos. Y después de Navidad había la tradición de quemar los árboles en algún rincón de la calle. En Ponferrada existe menos la tradición de los árboles de navidad. No se ve los puestos especiales dónde se vende los árboles.

Otra diferencia cultural: las tarjetas navideñas. Aquí en Holanda las tiendas están llenísimas de estas tarjetas. Hay sellos navideños especiales. ‘Cómpreme 40 sellos y tarjetas navideñas’, me dijo mi tío cuando fui de compras. Después estaba unas horas escribiéndolas. Me recordaba a viejos tiempos. Escribir los mejores deseos a mis amigos y familia con la agenda con direcciones al lado. Con los años lo consideraba cada vez más como un perdido de tiempo, esfuerzo y dinero. Me limitaba a escribir a la gente que me había escrito a mí. Con la desaparición gradual de la generación de mis padres escribía cada año menos. La aparición de internet significaba el fin de la carta navideña de papel, pero también la aparición del fenómeno tarjeta navideña digital. Por todos lados recibo tarjetas: por email, por Facebook, por Whatsapp. Si, nosotros también participamos en esta tendencia. Es casi obligatoria porque todo el mundo lo hace. Pero es bastante divertido: se puede ser creativo y no hay este ajetreo con sellos y tarjetas de papel. Mi tío no está de acuerdo. Prefiere escribirse la mano torcida antes de admitir que internet pueda haber ventajas.

Pues bien, tanto en Holanda como en España la tarjeta digital hacía un avance impresionante. Os presento nuestra contribución a esta tendencia. Hecha por nosotros mismos, mi mujer y yo. No sin orgullo puedo mencionar que yo inventé el texto. La verdad es que es solamente un deseo para el año nuevo y no para Navidad. Me gusta más la celebración del cambio de año. En unos días, cuando contamos los últimos segundos del viejo año, estaremos mi mujer Ana, mi tío y yo en frente de la ventana esperando hasta los fuegos artificiales en el centro de Ámsterdam estallan. Brindaremos, mi mujer y yo, sobre nuestro futuro en El Bierzo. Porque por mi Holanda es vieja y preocupante; un país donde fantasmas de un pasado muy oscuro parecen haber vuelto y pueden detener un centro para refugiados de una guerra. Nuevo y esperanzadora para mi es España; el país donde los resultados de las últimas elecciones dan una vista a un futuro un poquetín mejor. Esperamos que sea así.

¡Feliz 2016!